lunes, julio 27, 2026
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EXCÉLSIOR ANTE SU PRÓXIMA CENTURIA

Inicio esta alocución conmemorativa adhiriéndome al reclamo profesional y social del ¡Ya Basta de Balas!, recordando a Miroslava Breach , a Ricardo Monlui y Cecilio Pineda, las últimas víctimas de esta guerra no convencional decretada desde 2006 y de la cual las autoridades civiles rehúyen de sus responsabilidades endosando al legislativo su temores electoreros al negarse a aplicar las medidas previstas por la Constitución, al negarse a depurar a las policías, al negarse a dejar de robar y ser verdaderos servidores públicos. En memoria de todos y cada uno de las y los periodistas ejecutados, desaparecidos y perseguidos, morena se une a las legítimas exigencias y demandas por justicia y restitución de la seguridad y paz pública, declinando de abusar de las Fuerzas Armadas que son instituciones del Estado y no dependencias de gobierno. 

Tras este necesario preámbulo, que forzosamente vincula al motivo que nos convocó esta mañana en el seno de este histórico recinto, a nombre de mi partido y de mi grupo parlamentario expresó nuestros parabienes a las y los trabajadores, reporteros, columnistas, editores, directores y empresarios del Periódico de la Vida Nacional, el Excélsior fundado un 18 de marzo de 1917 por don Rafael Alucín cuya visión y empeño le permitió convertir algunas publicaciones adquiridas entre los años 15 y 17 del pasado siglo en un diario moderno y de gran aceptación en la sociedad, tanto por su accesibilidad como por sus mecanismos de circulación.

En un acto sin mesura el autoritarismo presidencial casi quebró a la cooperativa en 1972 al orquestar desde las entrañas del Palacio de Covián el boicot comercial que junto a las presiones hacia ciertos integrantes de la cooperativa concluyó con el golpe en contra de la dirección de Scherer y la consecuente salida de un notable grupo de colaboradores.

Por ello me parece muy justo expresar nuestro reconocimiento a la nueva directiva del diario quienes en ocasión de este centenario han dado un lugar preponderante en sus páginas a las historias de vida de prensistas, tipógrafos, así como de voceadoras y voceadores que son, y siguen siendo los vehículos de accesibilidad que permiten competir a las nuevas tecnologías de la comunicación, a las que el medio rehúye, y asumió el ciberespacio como otro foro de acceso a la información, del debate.

Como oriundo de la colonia Juárez lamento su salida de la esquina de la información, y junto con muchos vecinos y vecinas vecinos de esa histórica colonia reiteramos nuestra petición de resguardar el edificio original del diario, tanto el del Paseo de la Reforma como el del Paseo del Bucareli pues forma parte del patrimonio arquitectónico de nuestra Ciudad , así mismo les pido dispensar el mismo buen trato que tuvieron con mis ancestros, con esa comunidad que, al sentirse tomada en cuenta recibieron con beneplácito no sólo la construcción de los inmuebles sino la operación de una empresa que al paso del tiempo se convirtió en timbre de orgullo y honor de la colonia Juárez, sobre todo cuando a partir del impulso al Día de la Madre, que, gracias al Excélsior, y en particular al empeño de su fundador, a partir de 1922 se integró al imaginario colectivo de los mexicanos.

Los contenidos de las páginas y suplementos del Excélsior formaron parte de la construcción del imaginario colectivo de muchas generaciones, cuantos de nosotros no descubrimos en sus editoriales, en sus columnistas habituales e invitados o su Diorama de la Cultura una pléyade de pensamientos, un cauce potentísimo de reflexiones, una notable lista de escritoras y escritores que fueron marcando el sendero de nuestra vida, que fueron informando y formando nuestras opiniones, fortalecidas en el debate escolar e intelectual, en la sobremesa de casa y en las luchas y acciones libertarias, y políticas.

Yo entendí el valor de la constancia cuando mi abuelo me explicó la edición del 22 de mayo de 1927 guardada en la biblioteca de mi familia, por coincidir con el natalicio de mi madre, y es esa edición la que relata fielmente la llegada de Lindbergh a París desde Nueva York. Pero también gracias a ello entendí los riesgos de la reelección con la portada del 18 de junio de 1928, que puntualmente relataba lo ocurrido en el lejanísimo molino de San Ángel donde fue asesinado el general Álvaro obregón.

A cien años de distancia, como lector debo agradecer y reconocer a las plumas de Pascal del Río, de mis buenos amigos Pepe Buendía y Arturo Páramo, de Virginia Bautista, Luis Carlos Sánchez, Sonia Ávila, Luis Carlos Talavera, Leticia Robles, el polémico Adrián Rueda, Fernanda Navarro, Georgina Olson, Pável Granados y Salvador Franco entre otros, por ser de mis más asiduos informadores cotidianos.

Cada vez que abro el diario, celebro el descubrimiento de Gutenberg y acredito que a tantas centurias esta tecnología siga acreditando su efectividad y eficiencia como difusora de información y de ideas que nutren nuestro quehacer político.

Por ello me preocupan los próximos 100 años de Excelsior, por eso debemos recurrir a Zygmunt Bauman y debemos de entender que a pesar del intento por generar una serie de acceso aparentemente a la información, estamos generando una serie de ruidos en la información. Parafraseando al Maestro Monsiváis: “para documentar mi optimismo” recupero un pensamiento de Bauman que en aras de fortalecer a los medios tradicionales de comunicación  como herramientas de difusión de las ideas y formación de opiniones en aras de la emancipación espiritual del ser humano, puntualmente nos alerta a impedir la transformación del ciudadano en un simple consumidor de productos, que no sea la ausencia de criterios fiables las que rijan su vida, si no que le enseñemos a distinguir lo  le lo relevante de lo irrelevante, el mensaje del ruido…

Concluyo citando nuevamente a Zygmunt Bauman para quien la función del Estado social es preservar la solidaridad humana e impedir que desaparezcan los sentimientos de responsabilidad ética, y para ello, como periodista estoy convencido de que los medios tradicionales, como es el caso del Excélsior,  deben ser por otra centuria más el baluarte de esa preservación solidaria y de esos sentimientos de responsabilidad ética a favor de las libertades de pensamiento y de ideas que son el origen de la prensa escrita.